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22 julio, 2010

ALEJANDRO OCHOA | USUARIO DE PROYECTO HOMBRE LA RIOJA

Soy Alejandro Ochoa Me gusta la alegría, el cariño, la buena salud y hacer cosas emocionantes y divertidas. Detesto la falta de respeto, el miedo y la mentira. A veces generoso, a veces tacaño; solidario en unas ocasiones, egoísta en otras. Soy un poco niño: honrado, rencoroso, tímido e inteligente. El 14 de agosto cumpliré 41 años, en Calahorra, donde nací y siempre he vivido, salvo durante mi paso por Proyecto Hombre. Comencé el tratamiento el 2 de septiembre de 1994 y lo terminé el 14 de junio de 1997. Llegué gracias a mis padres. María Luisa, mi madre y voluntaria en la entidad, abrió las puertas de casa a los chicos y chicas de Proyecto desde 1994 hasta 2006, cuando mi padre sufrió el accidente. Mi paso por el programa fue un tránsito duro, largo y lleno de sufrimiento. Mis padres me acompañaron durante todo este camino, casi nada. Gracias.

 


Proyecto Hombre La Rioja quiere aprovechar estas líneas, escritas por su hijo, ex usuario, para rendir un sentido homenaje a María Luisa González Lorente, una de nuestras grandes voluntarias, quien nos dio tantos años de apoyo y compromiso antes de dejarnos el 1 de febrero de 2010.


testimonio de un usuario de proyecto hombre la riojaEmpezando por el final

He estudiado carpintería, técnicas de construcción, electrónica, energías renovables y música. Estuve casado. De joven tuve un problema muy gordo con las drogas que estuvo a punto de acabar conmigo pero tuve la suerte de que me ayudaron mucho. A mí se me ayudó masivamente. Después de Proyecto Hombre toda la vida cambió. Actualmente, tengo una empresa que se dedica a prestar servicios de información y control de parques eólicos por toda España. He tenido mucha suerte en el terreno profesional, aunque peor suerte en el amor.

El antaprotagonista

Tenía un desequilibrio personal tremendo y una colección de errores en las anteriores encrucijadas de mi vida. Solía mentir continuamente y era incapaz de cuidar de mí . Mis padres no estaban preparados para afrontar el problema de la droga y supieron buscar gente que sí lo estaba: los profesionales que trabajan en Proyecto Hombre

Alguien a quien querer

Mi madre era calor y cariño. Mi madre era una buena madre, sí. Bueno, cuando estaba con los problemas de las drogas era un incordio, un problema; alguien que no me quería y a quien echar las culpas. Incluso alguien a quien odiar. Después de Proyecto Hombre, aprendí no solo a quererla tanto a ella como a mi padre sino a quererlos mucho.

La ayuda que no falta

Mi madre siempre estuvo activa y disponible para Proyecto Hombre. Su mayor labor fue la acogida familiar en casa. Son muchos los chicos que pasaron por nuestra casa, durante fines de semana o periodos más largos. Enrique, uno de mis mejores amigos, estuvo varios meses. Todas las navidades había alguien de Proyecto en la familia. Pero ella solo era una más. En Calahorra, en Logroño y en otras ciudades y pueblos, había y hay otras personas tan comprometidas como ella.

Proyecto Hombre para ella

Ella describía el proyecto como una asociación sin ánimo de lucro que ayuda a salir de las drogas de una forma integral, con mucho éxito. Pero para mi madre creo que significaba algo más profundo. Yo diría que era un sitio donde tenía muchos amigos; un lugar donde aprender, ir a dar y recibir; encontrar sentido y dar respuesta a sus inquietudes.

El principio

El espíritu solidario y sus creencias le empujaban a ayudar en Proyecto. También la gratitud. Ella sentía que le estaban devolviendo a su hijo pequeño, a mí.

Nunca más

Cuando llevaba 4 meses en la Comunidad Terapéutica, después de 8 meses en acogida, me encontraba en un momento de descanso, fumando un cigarrillo en el jardín y mirando las luces de los coches que pasaban por la carretera. De repente, me di cuenta de que nunca más iba a probar las drogas, nunca más para el resto de mi vida. Me eché a llorar por haber perdido tanto tiempo. A partir de entonces, empecé a cambiar de verdad.

El arte de la vida

Me llevé de Proyecto un tesoro completo como un cofre lleno de riquezas, todas valiosas y todas distintas. Lo de menos fue dejar las drogas. Esa solo era la condición para entrar en un sitio donde me enseñaron los secretos del difícil arte de vivir conmigo mismo y con los demás.


En primera persona

1. Para mí, Proyecto Hombre es…

Una asociación que tiene un programa bien diseñado (ahora tiene varios diferentes) que conjuga varias disciplinas. Con poco dinero, pocos medios y mucho esfuerzo voluntario, consigue que los usuarios pongamos en práctica y nos entrenemos en valores humanos para que aprendamos y seamos capaces de hacerlos nosotros mismos en el futuro. Sé cómo se hace “ser honesto”, sé cómo se hace “ser responsable”, sé cómo se hace “ser solidario” y sé cómo se hace “ser respetuoso (conmigo mismo y con los demás)”.

2. Mi primer recuerdo…

La primera entrevista, en que me dijeron las normas fundamentales y me preguntaron si quería hacer el programa, “¿sí o no?”. Y yo contesté: “Sí”.

3. Lo más fácil del mundo es…

Recuerdo mucho los seminarios que nos daba Pedro, el director. No recuerdo de qué tema trataba pero sí sus palabras y su voz musical “¿Difícil? ¡Nooo! ¿Esfuerzo? ¿Muuucho!”. Acertar los números de la lotería es difícil. Decir la verdad o ser puntual requiere esfuerzo pero es fácil.

4. Una película, un libro o una canción…

“Grita libertad”, sobre el apartheid en Sudáfrica. Sólo leo libros técnicos o de texto. El último ha sido el “Manual del piloto de ultraligeros”. En música, la de “Salomé” con esos tresillos de trompeta. También me gusta mucho Conchita.

5. Nunca renunciaría…

Nunca renunciaría a tener un sitio calientito donde estar, nunca renunciaría a la felicidad, nunca renunciaría a la seguridad. Pero incluso a esas cosas podría renunciar por una buena causa. Tendría que ser algo más valioso, trascendente; no sería el dinero, una casa o un coche. Podría renunciar a mis conocimientos, mis estudios y dejarlos de lado; incluso podría renunciar a mis creencias y cambiarlas. Más aun, he visto renunciar a la alegría en casos de enfermedad; pero no al cariño, al cariño nunca, el cariño es lo último que queda.

6. Un lugar para esconderse…

Esconderse de qué. No necesito esconderme de nada.

7. Me habría gustado inventar…

Tengo algunas ideas en cuanto a energías renovables y en mi empresa he implementado algunos desarrollos nuevos.

8. Me pone de buen humor…

El trabajo bien hecho, el esfuerzo realizado, la responsabilidad cumplida, la voluntad llevada a cabo. El no haberme dejado llevar por el orgullo, por la comodidad, por el miedo, etc.

9. Mi último pensamiento antes de dormirme…

¡Qué blandita es esta almohada!

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