ALCOHOL, TABACO Y CANNABIS EN LA ADOLESCENCIA: SUSTANCIAS NORMALIZADAS, RIESGOS REALES

17 Feb 2026

  • En el espacio mensual de Proyecto Hombre La Rioja en Radio Rioja (SER), Óscar Pérez y Teresa Pascual advirtieron de que alcohol, tabaco y cannabis, pese a estar normalizados, suponen un riesgo real para la salud, especialmente cuando el consumo comienza en la adolescencia

En el espacio mensual de Proyecto Hombre La Rioja en Radio Rioja (SER) emitido en febrero, Óscar Pérez, coordinador terapéutico, y Teresa Pascual, psicóloga de menores, abordaron el consumo de alcohol, tabaco y cannabis en adolescentes, el peso de la normalización social y el papel protector de la familia.

En la conversación, los profesionales recordaron que, aunque hoy el debate público se centra a menudo en otros asuntos, “muchas veces nos olvidamos de que los problemas que había antes siguen estando y de manera muy potente”, en referencia al consumo de sustancias. En ese contexto, subrayaron que no se trata de sustancias “de las que salen en los medios” como fentanilo o heroína, sino de “cosas muy habituales como son el tabaco… el alcohol… el cannabis… los porros que están en la calle de manera muy habitual, muy normalizada”, y que “suponen un grave riesgo para la salud” de chicos y chicas.

A partir del testimonio de un joven, Óscar Pérez aterrizó la conversación en situaciones reconocibles. Al hablar del alcohol, lo vinculó a patrones de ocio muy presentes: “Cuando estamos hablando del consumo de alcohol que hace este chico, estamos hablando del botellón… y lo vamos a ver muy extendido por Logroño”. Teresa Pascual añadió el componente de presión social que acompaña a este consumo: “Se le va a cuestionar mucho más a una persona que no consume alcohol que a aquel que consume”, lo que puede empujar a “hacerlo simplemente porque el resto lo haga”. Óscar completó la idea con una advertencia práctica: “Si estamos ingiriendo una gran cantidad de alcohol, es mucho más fácil que caiga en ese momento en otro tipo de sustancias”.

En el caso del cannabis, los dos profesionales incidieron en la baja percepción de riesgo y en su presencia cotidiana. Óscar Pérez explicó que se trata de una sustancia “muy normalizada”, con una percepción de riesgo “muy baja entre los jóvenes”, y señaló una tendencia que preocupa: “En La Rioja el consumo de cannabis ha aumentado ligeramente”. En esa línea, aportó un dato que da dimensión al fenómeno: “Se estima que 17 de cada 100 chavales han consumido porros en el último año”. Además, Teresa puso el acento en la edad de inicio y su impacto: cuanto más temprano se comienza, mayor es el riesgo de desarrollar una adicción, porque el cerebro “todavía está en pleno desarrollo”.

Sobre el tabaco, Óscar lo enmarcó junto a alcohol y cannabis como “sustancias de inicio”, que pueden abrir la puerta a otros consumos: “Si me he familiarizado con el tabaco, es mucho más fácil que caiga en otras sustancias”. En conjunto, insistieron en que la normalización social, “incluso institucionalizada” en celebraciones y eventos, puede hacer más difícil detectar y cuestionar el problema a tiempo.

El espacio incluyó el testimonio grabado de un joven de 20 años que aportó contexto desde su propia experiencia. “Tengo 20 años y llevo siete meses sin consumir. Empecé consumiendo porros a los 13 años por aburrimiento”, relató. Además, explicó cómo el consumo se fue instalando en su rutina: “Cada vez que quedaba con ellos consumía, hasta consumir a diario para ir al instituto”. Con el tiempo, añadió, “empecé a consumir alcohol de manera social” y “los findes hacíamos botellón”, y a partir de ahí “empecé también a probar más sustancias distintas”. En una parte posterior del testimonio explicó las consecuencias: bajo rendimiento, conflictos familiares y un deterioro personal que le llevó a reconocer que “me volví una persona violenta por culpa del consumo y empecé a cometer delitos”. También habló de vacíos emocionales en casa y de la influencia del grupo: “Me he juntado siempre a malas compañías”.

A partir de este caso, Teresa Pascual explicó que el inicio del consumo suele estar ligado a “no aburrirme”, “entretenerme” o “encajar dentro del grupo”, y que “salir de ese patrón es muy complicado”. Desde ahí, los profesionales introdujeron una idea importante para familias y entorno educativo, que conviene formular de manera práctica: para detectar si hay un problema, “no es tanto la cantidad de lo que consumimos, sino cómo está afectando nuestra vida”. Es decir, más allá de cuántas veces ocurre, lo determinante es qué consecuencias está teniendo: si afecta al rendimiento, al estado de ánimo, a la convivencia familiar o a la vida diaria.

La familia fue otro de los ejes del programa. La psicóloga insistió en que cuanto más sea el hogar un lugar seguro al que volver y más se sientan los adolescentes “escuchados y vistos, no solo juzgados, no solo castigados”, menor influencia negativa tendrá el grupo cuando empuja hacia conductas de riesgo. En esa línea, defendió la importancia de generar espacios de comunicación en casa y “marcar límites desde el cariño”, sin romper el vínculo.

Por último, Óscar Pérez recordó el enfoque terapéutico de Proyecto Hombre La Rioja para acompañar estos procesos: “Las sustancias, el consumo de drogas, es simplemente un síntoma, es la punta del iceberg de lo que está pasando por debajo”. El objetivo, concluyeron, es mirar más allá del consumo, comprender qué lo sostiene y acompañar a tiempo para recuperar herramientas, vínculo y bienestar antes de que el problema se cronifique.