VERANO, PANTALLAS Y FIESTAS: CÓMO ACOMPAÑAR A LOS ADOLESCENTES SIN FIARLO TODO AL CONTROL

15 Jun 2026

  • Proyecto Hombre La Rioja cerró la temporada de su espacio mensual en Radio Rioja con claves para que las familias afronten el verano como una oportunidad para educar, acompañar, poner límites y reforzar la autonomía

Proyecto Hombre La Rioja cerró el pasado 10 de junio la temporada de su espacio mensual en Radio Rioja (Cadena SER La Rioja) con una conversación centrada en una preocupación habitual en muchas familias cuando termina el curso: cómo acompañar a hijos e hijas adolescentes durante las vacaciones de verano, un tiempo con menos rutinas, más ocio, más pantallas y más salidas con amistades.

En el programa participaron Óscar Pérez, coordinador terapéutico de Proyecto Hombre La Rioja, y Julio Marrodán, terapeuta del programa residencial, que ofrecieron pautas para afrontar este periodo sin caer ni en el control excesivo ni en el “todo vale”. La conversación partió de la consulta de una madre de una adolescente que acaba de terminar 4º de ESO y que planteaba dos inquietudes muy concretas: cómo gestionar el uso de tecnologías durante el verano y cómo ayudar a su hija ante la presión de grupo en fiestas y espacios de ocio donde puede aparecer el consumo de alcohol.

El verano también puede ser una oportunidad
Durante el programa, Óscar Pérez explicó que el verano puede generar cierta inquietud en las familias porque rompe la estructura habitual del curso. “Durante el año tenemos una estructura, unos horarios, un sentido a todo y de repente nos aparece un vacío de dos meses”, señaló. Sin embargo, insistió en que ese tiempo no debe vivirse solo desde el miedo.
En la misma línea, Julio Marrodán recordó que las rutinas aportan seguridad, pero que el verano permite revisar esa organización familiar y abrir nuevas posibilidades. “Hay que quitar miedo y vivirlo como una oportunidad”, afirmó.

Para ambos profesionales, el punto de partida es confiar en el trabajo educativo que las familias han realizado durante el año. Óscar Pérez subrayó que el verano no convierte de repente a un adolescente en una persona distinta: si no había grandes dificultades previas con pantallas, amistades o salidas, no tienen por qué aparecer automáticamente durante las vacaciones.

Más acompañamiento y menos control
Una de las ideas centrales del espacio fue que la educación no puede apoyarse únicamente en el control. “No lo podemos fiar todo al control”, advirtió Óscar Pérez. El control parental puede ser útil en edades más tempranas, pero tiene límites y, tarde o temprano, deja de ser suficiente.

Por eso, desde Proyecto Hombre La Rioja se insistió en la importancia del “trabajo de hormiguita” que se construye cada día: conversación, vínculo, disponibilidad adulta, límites claros y presencia. “No necesitan padres y madres que les controlen; necesitan padres y madres que les den estructura, que haya límites también, porque eso es amor, pero, sobre todo, necesitan padres y madres que sean adultos y que estén disponibles”, explicó el coordinador.

Ese acompañamiento pasa por abrir espacios de diálogo cotidiano sin convertir cada conversación en un interrogatorio. Preguntar por sus amistades, interesarse por sus planes, observar cómo se sienten en su grupo o hablar de lo que van a hacer durante la tarde son formas de acompañar desde la cercanía y no solo desde la vigilancia.

Pantallas: buscar equilibrio y observar señales
El uso de pantallas fue uno de los temas principales del programa. Durante el curso, las obligaciones escolares, los horarios y las rutinas ayudan a ordenar el tiempo. En verano, en cambio, aparece más margen para decidir qué hacer y cómo ocupar las horas.

Óscar Pérez defendió que la clave está en el equilibrio. También recordó que los adolescentes necesitan descansar y disponer de espacios no planificados, sin que eso deba interpretarse automáticamente como un problema. El papel de las familias no consiste en llenar todo el tiempo libre, sino en observar si aparecen señales de desequilibrio.

“Cuando vemos conductas que rompen el equilibrio, ahí es donde tenemos que ponernos el adulto que ellos necesitan”, señaló. Por ejemplo, si una familia observa que su hijo o hija se encierra más, deja de quedar con amistades o sustituye actividades importantes por el uso constante del móvil, conviene hablarlo desde la preocupación y abrir una negociación.

En este ámbito, los profesionales diferenciaron entre cuestiones que deben negociarse y otras en las que las familias tienen que marcar límites más firmes. En el caso de las pantallas, especialmente en adolescentes, es necesario hablar, pactar y revisar. En cambio, ante consumos como alcohol, tabaco o cannabis, el límite debe ser más claro.

Fiestas, presión de grupo y primeras salidas
El programa también abordó la preocupación de muchas familias ante las fiestas de verano, las salidas a pueblos, los horarios de vuelta, los desplazamientos y la posible aparición del alcohol. Julio Marrodán recordó que no todas las situaciones son iguales y que conviene analizarlas con los propios adolescentes: “Todas las fiestas no son iguales, todas las actividades de las fiestas no son iguales”.

Por eso, propuso poner sobre la mesa preguntas concretas: qué fiesta es, para qué se va, con quién, cómo se desplazan, qué van a hacer y qué acuerdos son necesarios. Se trata de entrenar junto a ellos la toma de decisiones, ofrecer criterios y dar progresivamente un voto de confianza.

Óscar Pérez añadió que educar también implica aprender a soltar. Esa pérdida de control forma parte del crecimiento adolescente y también obliga a las familias a revisar sus propios miedos. “Hay una parte de la educación, bueno, una parte no, casi toda la parte de la educación significa el soltar, el ser capaces de soltar”, afirmó. Ahora bien, soltar no significa desentenderse. También hay momentos en los que madres y padres deben decir no con claridad, especialmente cuando hay riesgos evidentes para la seguridad.

En este sentido, los profesionales señalaron la importancia de encontrar un camino intermedio: evitar tanto el autoritarismo y la sobreprotección como la complacencia o la ausencia de límites. Ese equilibrio requiere tiempo, reflexión y conocimiento real de cada hijo o hija.

Acompañar sin juzgar
El último espacio mensual de la temporada dejó una idea de fondo: el verano no tiene por qué vivirse como una amenaza, sino como una etapa para reforzar la autonomía, la responsabilidad y la comunicación familiar. Para ello, las familias necesitan sostener límites, ofrecer criterios, estar disponibles y acompañar también los errores, porque muchos aprendizajes llegan precisamente a partir de ellos.