«ME SENTÍ MÁS QUE IMPORTANTE, IMPRESCINDIBLE PARA ÉL»

2 Ene 2023

 

 

Francisco Cabezón comenzó su colaboración con Proyecto Hombre La Rioja en septiembre de 2013, movido por el deseo de ayudar a otras personas y devolver a la sociedad parte de las oportunidades que había recibido. Desde entonces, ha dedicado parte de su tiempo a realizar acompañamientos y compartir noches en Comunidad Terapéutica. Para él, el voluntariado es una experiencia de cercanía, solidaridad y aprendizaje personal, en la que gestos tan sencillos como conversar, escuchar o acompañar a una cita pueden tener un gran valor. «Los voluntarios somos como parte de su familia, más cercanos, les entendemos y acompañamos sin preguntar ni juzgar», explica Francisco, quien comparte algunos de los momentos que más le han marcado durante su trayectoria.

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Francisco Cabezón

Voluntario de Proyecto Hombre La Rioja desde septiembre de 2013

¿Cómo llegaste a ser voluntario de Proyecto Hombre?

Desde siempre he tenido la inquietud de hacer algo por los demás, especialmente por quienes más lo necesitan, y de devolver a la sociedad parte de todas las oportunidades que me ha dado.

¿Recuerdas las sensaciones de tu primer día como voluntario?

Mi primera experiencia fue un acompañamiento al psiquiatra de una persona usuaria. Me llamó la víspera para quedar conmigo, ya que son las propias personas usuarias quienes contactan con el voluntariado para explicar qué necesitan y preguntar si podemos acompañarlas. Cuando llegué, me estaba esperando. Me sentí más que importante, imprescindible para él. En aquel momento necesitaba que alguien lo acompañara y yo podía estar allí.

Después de tantos años de voluntariado, ¿qué te anima a mantener este compromiso?

El contacto directo con las personas que están realizando el programa de Proyecto Hombre, escuchar sus inquietudes por sus parejas y sus hijos, conocer sus preocupaciones y ver el enorme esfuerzo que les supone replantearse sus valores, su forma de vivir y la relación consigo mismas y con su entorno. También saber que, para conseguirlo, necesitan la ayuda de muchas personas y que yo puedo aportar algo en ese proceso.

Una de tus actividades es el acompañamiento nocturno. ¿Cómo es una noche en la Comunidad Terapéutica?

A las nueve se oye la voz de una persona usuaria: «Familia, a cenar». Y como tal acudimos al comedor. Todo lo han dispuesto ellos: la preparación de la cena, los sitios, el servicio… Después recogemos entre todos, dando importancia a pequeños gestos cotidianos que antes podían pasar inadvertidos. Luego llegan los compromisos de cada uno y el momento de irse a dormir, no sin antes escuchar más de un «Que descanses, Paco».

La mayoría de las noches transcurren con tranquilidad, aunque, como en cualquier casa, también pueden surgir situaciones que hay que atender: alguien que tiene un dolor, necesita hablar o quiere compartir cómo se encuentra. 

Por la mañana se levantan, realizan sus tareas y pronto vuelve a escucharse: «Familia, a desayunar». Es un momento precioso para comenzar el día. A las nueve llegan los terapeutas, comentamos cómo ha transcurrido la noche y concluye mi voluntariado hasta la próxima ocasión.

Este tipo de acompañamiento tiene características muy especiales. ¿Qué es lo que más valoras de esas noches?

Disponemos de nuestra propia habitación, pero lo que más me gusta es compartir con las personas usuarias los momentos en el porche y en el comedor. Allí hablamos, comentamos nuestras cosas y nos pedimos ayuda.

Sin darnos cuenta, también les mostramos lo que significa la gratuidad del voluntariado. A veces les cuesta entender que alguien quiera dedicarles su tiempo de manera desinteresada, pudiendo estar tranquilamente en su casa con su familia.

También has realizado acompañamientos a citas médicas, al juzgado y a otras gestiones. ¿Por qué es importante que las personas usuarias cuenten con ese apoyo?

Los terapeutas desempeñan una labor fundamental y deben estar ahí para todo lo que necesiten. Los voluntarios somos como parte de su familia, más cercanos, les entendemos y acompañamos sin preguntar ni juzgar. Hacemos todo lo posible para ayudarles a conseguir aquello que necesitan y para que se sientan satisfechos con el acompañamiento recibido.

El voluntariado implica un trato muy cercano con las personas usuarias. ¿Qué les dirías a quienes puedan tener prejuicios o ciertas reticencias?

Es cierto que no es un camino de rosas. Hay personas que atraviesan situaciones complejas y que pueden presentar distintas patologías, atendidas por los profesionales. Precisamente por eso, algunas necesitan todavía más acompañamiento y cuidados. Son personas a las que acabas tomando mucho cariño y que agradecen esa cercanía.

¿Qué te aporta personalmente esta experiencia?

El voluntariado en Proyecto Hombre me aporta, en primer lugar, una formación personal y una llamada a la solidaridad. También refuerza mi confianza en las personas y me exige empatía y honestidad. Todo ello me anima a intentar vivir de una manera íntegra, siendo consecuente con mis principios y valores.

¿Hay alguna vivencia que recuerdes con especial cariño?

Uno de los momentos más especiales ha sido acompañar a personas usuarias al Punto de Encuentro Familiar para que pudieran ver a sus hijos. Recuerdo el protocolo de llegar con antelación, esperar en una habitación hasta que llegaran los niños y repetir la espera a la salida. También la ansiedad, los nervios y las ganas de reencontrarse, de darse un beso y un abrazo, junto con la angustia de tener que despedirse y esperar otra semana hasta la siguiente visita.

He realizado muchos acompañamientos de este tipo y han supuesto una lección de empatía enorme. Es una experiencia que recuerdo cuando algo en mi propia vida parece no salir bien.

¿Qué les dirías a otras personas para animarlas a hacer voluntariado en Proyecto Hombre?

Si tienes claro que vivimos en sociedad, que nos necesitamos unos a otros y quieres hacer algo positivo y valioso, algo que de verdad te llene y te satisfaga, apuesta por estas personas que necesitan nuestro apoyo.

Te llevarás la gran satisfacción de haberles echado una mano.

Proyecto Hombre es el Club de las Segundas Oportunidades, el club de quienes creen en las personas y en su capacidad de superarse, el club de…

Un lugar donde muchas personas que, en un momento de su vida, se encuentran atrapadas por un consumo o una adicción buscan respuestas a lo que más les angustia: «¿Dónde puedo acudir? ¿Quién me puede ayudar? ¿Qué puedo y debo hacer?».

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